Avianca a Estocolmo. El vuelo a recibir el Nobel de García Márquez

Miércoles 20 de Octubre de 1.982, horas de la noche. El timbre de la casa de Álvaro Mutis en el barrio San Jerónimo de Ciudad de México no para de sonar insistentemente. Se trata de Gabriel García Márquez, completamente alterado. “Se habrá peleado con Mercedes”, debió haber pensado Mutis. “No, algo peor. Me dieron el Nobel”, replicó su amigo.

Seis de la mañana del día siguiente, Jueves 21 de Octubre. Juan Gossain, reconocido periodista colombiano, llega temprano a la sede de Caracol Radio, en la avenida 19, cerca al Parque Bavaria. Por tradición, el segundo o tercer Jueves de Octubre se anuncia al mundo quién será galardonado con el Premio Nobel. Gossain se sienta en la cabina del teletipo por el que llegaban las noticias internacionales. Hacia las siete de la mañana replicó la campanilla exclusiva para los grandes acontecimientos. Gabo lleva muchos años dentro de los candidatos, pero aún no le había sido concedido el premio.

Gossain sube las escaleras que lo separaban de la cabina de transmisión, en la cual estaban transmitiendo la ‘Cabalgata deportiva Gillette’. Interrumpe. “García Márquez, Premio Nobel”. La noticia estremeció al país. Y no era para menos.

Entrevista tras entrevista. El Nobel de Gabo. En El Colombiano

Entrevista tras entrevista. El Nobel de Gabo. En El Colombiano

La primera entrevista de Gabo tras conocerse el anuncio de su premio la hizo el escritor y periodista tolimense Germán Santamaría, enviado de El Tiempo a México. Allí el escritor formuló su deseo. No quería estar sólo en Estocolmo, le gustaría celebrar su premio con cumbias y vallenatos.

Colcultura se dio a la tarea de cumplir el deseo de García Márquez, en cabeza de Aura Lucía Mera, su directora, y de Gloria Triana, directora de la sección de Festividades y Fólcor de la entidad. Sin embargo, la empresa no se veía sencilla, más si se tiene en cuenta que ya era final del año y claramente en el presupuesto aprobado en el Diciembre anterior no había ninguna partida que se llamara ‘Delegación acompañante a recepción del Premio Nobel’. Fue así como debieron empezar a buscar el apoyo de empresas, entidades, instituciones.

Lo primero, narra Aura Lucía, era conseguir el Jumbo. Así lo relata ella en el texto publicado en El País de Cali, y que está en las fuentes de este artículo. Tanto ella como José Vicente Kataraín pidieron una cita con Álvaro Cala, en aquel entonces presidente de Avianca. La petición hecha a Cala y a sus vicepresidentes, todos reunidos en una de las salas de juntas de la sede de la aerolínea colombiana, era que necesitaban un avión que llevara a la delegación a Estocolmo y los trajera de regreso, para acompañar al Gabo a la entrega del premio. Cala y su equipo entendieron que se trataba de una ocasión histórica, y no demoraron en dar el sí.

Con este primer e importante paso adelantado, pidieron a Gloria Triana que recorriera el país buscando los grupos folclóricos más puros y autóctonos. Ella empezó a viajar por todo el país, visitando grupos que ya conocía de antemano por su trabajo, escogiendo a unos cuantos y presentándolos a la directora para su aprobación. En ese momento la noticia se filtró, y hubo presiones de grupos que querían también ser llevados. Finalmente no se cambió lo escogido, y se autorizó a Gloria para que divulgara la noticia, yendo a donde Enrique Santos Calderón para que la ayudara. Casualmente, al estar reunidos Santos y Gloria Triana entró una llamada de Gabo, a quien le contaron lo planeado sin que hubiera objeción alguna. Objeción que tampoco encontraron en los organizadores de la ceremonia, logrando que en el banquete real se rompiera el formal y rígido protocolo sueco y se permitiera la presentación de los bailes, ritmos, canciones.

Al tiempo que Gloria Triana buscaba a los grupos folclóricos, otras entidades se sumaron a la iniciativa. La Federación Nacional de Cafeteros aportó el dinero para sufragar los gastos, el Seguro Social aportó un médico para la delegación. Artesanías de Colombia regaló ruanas, guantes y pasamontañas. El Museo Nacional prestó pinturas de varios de los principales artistas colombianos, y el Museo del Oro, piezas precolombinas.

A los músicos se les tuvo que dar clases. De aviones, de inviernos, de viajes. Todo por que la gran mayoría no había volado nunca antes. Muchos de ellos no tenían pasaporte, ni libretas militares para sacarlo, por lo que se tuvieron que hacer todos éstos trámites contra el reloj. Obtención de pasaportes, visas; compra de ropa de invierno.

Cuando se supo lo que la delegación colombiana tenía preparado para su visita a Estocolmo a recibir el Nobel, varios en Colombia pusieron el grito en el cielo. Era romper con un protocolo sagrado. Para muchos, era hacer el ‘peor oso internacional en la historia de Colombia’. De hecho, varios de los periodistas que viajaron, dicen, fueron más a cubrir el ‘oso’ que la entrega del premio. El hecho es que el presidente de la época, Belisario Betancur, pidió que se le presentara un montaje en el Teatro Colón de Bogotá con lo que sería presentado en Estocolmo. El presidente aprobó todo, y ordenó al embajador de Colombia en Suecia, quien antes se había opuesto a toda esta parafernalia de celebración tan latina, a alquilar el salón más exclusivo de Estocolmo para realizar la fiesta en honor a Gabo, el Nobel, en la que todo el mundo, incluyendo artistas, pudieran celebrar.

 

En 1970 entraba en servicio el Boeing B747, apodado ‘Jumbo’, con los colores de Pan Am. Era el primer avión de doble pasillo, y estaba destinado a convertirse en un hito en la historia de la aviación mundial. Para 1975 el avión era más popular, y era el escogido por varias aerolíneas importantes del mundo occidental para cubrir sus rutas más largas de alta demanda. En aquel entonces ninguna aerolínea latinoamericana era propietaria de este avión, aunque Viasa había operado una unidad que había alquilado a KLM. De hecho, el avión tenía al lado derecho el livery de la aerolínea venezolana y en el izquierdo el de la holandesa. El avión fue utilizado para las rutas que de Caracas iban a Madrid, París, Roma y Ámsterdam hasta la llegada de los DC-10 propios.

Continental, tras la crisis del petróleo, decidió sacar de su flota sus cuatro B747-100, lo que fue aprovechado por Avianca para hacerse a una unidad, la número 58 en la línea de producción, que tenía el número de serie 19734 y había sido ensamblada en 1970. El avión, con la matricula colombiana HK-2000 y bautizado como ‘Eldorado’, llegó a Colombia el 3 de Diciembre de 1976, para ser presentado al día siguiente por el presidente Alfonso López Michelsen.

En 1978, luego de dos años de estar el Jumbo en la flota de Avianca, se decidió adquirir una segunda unidad, esta vez en configuración combi que permitía transportar más carga y pasajeros. El avión recibió la matricula HK-2300, fue bautizado ‘Cartagena de Indias’ y fue recibido directamente de fábrica en Junio de 1979.

Entre 1981 y 1982 llegaron a Avianca dos nuevos Jumbo, ambos cargueros, aunque uno de ellos llegó a reemplazar al otro. También, en Agosto de 1982 llegó el cuarto Jumbo, alquilado a SAS, por lo que se lo conocía como ‘El Olafo’, al cual se le asignó la matrícula HK-2910X.

 

A las seis y treinta de la tarde del Lunes 6 de Diciembre de 1982, uno de éstos Jumbo despegó de Bogotá con destino a Estocolmo, previas escalas en San Juan de Puerto Rico, Madrid y París. A juzgar por el itinerario y por el escrito de Álvaro Mutis en El Tiempo que también está en las fuentes de este artículo, diera la impresión que se trató de un vuelo comercial regular de Avianca, con la continuación extra a la capital sueca, teniendo en cuenta que el resto de paradas eran las habituales en los trayectos europeos de la aerolínea colombiana por la época.

El viaje tardó 22 horas, y dentro de la delegación llevaba a más de 60 músicos, amigos personales de Gabo, representantes de diversas entidades y varios periodistas. Además, volaban más de 150 turistas que se habían apuntado al tour del Premio Nobel, ofrecido por Avianca a 1.900 dólares, y que incluía 14 días de permanencia por Europa visitando ciudades como París y Ámsterdam. Dentro de los músicos, cabe destacar a los hermanos Zuleta, el maestro Escalona, Carlos Franco y su conjunto folklórico de Barranquilla, Totó la Momposina, en representación del Caribe; Leonor González Mina en representación del Pacífico; las danzas del Ingrumá de Riosucio representaban la región Andina y el Maestro Quinitiva la música llanera.

Gabo se encontró con los pasajeros de este avión en Madrid, pues él venía de Cuba, y asistiría a un almuerzo con Felipe González en la capital española, por lo que llegó a Estocolmo después del avión de Avianca. La delegación colombiana se robo el show desde el momento mismo de su llegada, pasando por la Aduana sueca tambores, máscaras, pencas de congos, banderas del paloteo, bandolas, arpas, gaitas, flautas de millo, acordeones, pañolones y demás parafernalia necesaria. El grupo de músicos se alojaría en un barco acondicionado y anclado a la bahía, mientras que Gabo y los invitados especiales lo hicieron en el Grand Hotel.

 

El primer acto oficial de esta excursión fue en la sala de actos de la Academia sueca, donde García Márquez leyó su conferencia “La soledad de América Latina”. Días después vino la entrega de los premios en el Gran Auditorio del Konserthusel, donde Gabo recibió, de manos del rey, la medalla y el pergamino que lo acreditaban como ganador del Premio Nobel de literatura 1982.

Gabo con el Nobel. Archivo El País

Gabo con el Nobel. Archivo El País

Ese día imborrable en la memoria colectiva colombiana fue el Viernes 11 de Diciembre de 1982. Las cinco de la tarde, o noche porque ya estaba oscuro en Estocolmo, a menos cinco grados centígrados. Gabo, rompiendo el protocolo, se presentó en un liqui-liqui blanco, apuntado hasta el cuello, homenaje a su abuelo y cumpliendo los deseos de sus padres, Luisa Santiaga y Gabriel Eligio, quienes estaban seguros que la muerte alcanzaría al primero de sus 16 hijos si vestía de oscuro en esa ceremonia.

Después de la entrega del premio vino el banquete real, en el Palacio del Ayuntamiento. Mil trescientos comensales, vestidos de gala y de frac. Salvo Gabo, claro está. El mismo Gabo que en la mañana había hablado con María Consuelo Araújo y le había preguntado acerca de lo que sucedería en el banquete. Él también estaba preocupado. Bien lo escribió María Consuelo en algunos apuntes que tomó en su viaje, y parte de los cuales están en el texto de Gloria Triana en El Universal que también está al final de este artículo: “No era ningún secreto para quienes como Rafael Escalona, Nereo López o yo que sin ser exactamente cantantes ni músicos ni bailarines estábamos metidos hasta el alma dentro del grupo humano sobre el que iban a estar y estuvieron todas las miradas y sobre el que se echó, desde el primer momento la responsabilidad de parir ese tan sonado oso, o no parirlo, que si en Estocolmo nuestro folklor y nuestras manifestaciones culturales y artísticas triunfaban –como en efecto triunfaron rotundamente -el triunfo iba a ser, sin duda, un triunfo exclusivo de Colombia. Y punto. Pero si en cambio había el más mínimo traspiés en la ejecución, por ejemplo, de cualquiera de las danzas y bailes, había un solo compás trascordado en cualquiera de los merengues o paseos de Escalona o en los joropos llaneros, la culpa, la responsabilidad indiscutible iba a ser nada más que de esa loca de Gloria Triana y toda esa gente bruta, corroncha y gritona que ella trajo para acá.”

Y todo fue perfecto. Lo dice Mutis en el texto ya antes reseñado: “Luego vino el banquete real en el Stadhus. Todos esperábamos, con justificada ansiedad, la participación de los grupos folklóricos colombianos escogidos por Colcultura para actuar en uno de los intermedios que, durante el banquete, separan las intervenciones de los premiados destinadas a hablar de su obra y agradecer el premio recibido. En 10 escasos minutos los grupos de baile y los cantantes trajeron a la inmensa sala de la fiesta, en donde se reunían más de mil 300 invitados, un aire de Colombia, una maravilla de color y de gracia en donde no hubo un detalle fuera de lugar ni una nota de más. Los colombianos, sin saberlo, ni desde luego, proponérselo, estaban repitiendo la sabia lección de buen gusto dada por nuestros huéspedes.”

Al día siguiente, el principal periódico de Estocolmo, Dagens Nyheter, tituló, “Los amigos de García Márquez nos enseñaron cómo se celebra un Nobel”.

Foto del B747 de Avianca, HK-2300, en Estocolmo el 14 e Diciembre de 1982, ya volviendo a Colombia. Foto de Kjell Nisson, en Airliners

Foto del B747 de Avianca, HK-2300, en Estocolmo el 14 e Diciembre de 1982, ya volviendo a Colombia. Foto de Kjell Nisson, en Airliners

La seguridad que tengo, eso sí, es que el vuelo de vuelta fue hecho en el ‘Cartagena de Indias’, el HK.2300, que en la media noche del 14 de Diciembre volvía de Estocolmo, con escala en Frankfurt, trayendo la gloria cultural más grande de Colombia en su historia, el Premio Nobel de literatura 1982, ganado por Gabo, Gabito para los amigos, uno de los 16 hijos del telegrafista de Aracataca. El mismo Gabo que ganó el premio como reconocimiento a ‘Cien años de soledad’, que sepan perdonarme, nunca he logrado terminar de leer. El mismo Gabo de cuentos espectaculares como ‘Seamos machos, hablemos del miedo a volar’, o cada uno de los ‘Doce cuentos peregrinos’, uno de mis libros favoritos. El mismo Gabo del que me hablaban las rusas en Malta, así como de los Buendía. El Gabo que era mayoría en los estantes de literatura en español de la espectacular libería Singer de San Petersburgo. El mismo Gabo que la niña más linda del mundo, rusa ella, buscaba para llevarse un libro suyo a casa. El Gabo, Gabriel García Márquez.

 

Fuentes:

4 Respuestas a “Avianca a Estocolmo. El vuelo a recibir el Nobel de García Márquez

  1. Pingback: Pan Am y ‘The Beatles’ | Aviación y turismo·

  2. Pingback: Red de Amigos - El Blogroll | Viajero Millero·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s